Ismael Carranza

Redacción de Canto Taller

Sobre el autor

Soy asistente de compras en una distribuidora de autopartes en León, Guanajuato. Cuarenta y seis años. La mayor parte de mi vida fui el que mueve los labios en las posadas y deja que los primos con mejor oído lleven la canción. En la escuela algún comentario me metió en la cabeza que era desafinado, y lo creí sin cuestionarlo durante décadas.

A los 41 el director del coro de mi parroquia andaba corto de barítonos y me reclutó, sin preguntarme mucho. Los primeros meses fueron incómodos. En ese mismo periodo descubrí que el problema nunca había sido el oído: era que nadie me había explicado de dónde sale el aire ni cómo apoyarse en una nota en lugar de lanzarse a ella esperando acertar. Llevan cinco años arreglándose despacio, esas dos cosas.

Desde entonces pagué varios cursos de canto en línea de mi propio bolsillo. Uno lo terminé de principio a fin. Los demás los dejé en algún módulo del medio cuando quedó claro que repetían lo que ya estaba en YouTube, solo con mejor presentación. Sigo yendo los domingos al coro, donde Abundio Nájera, un barítono con más de treinta años cantando en la misma parroquia, fue el primero en decirme que la voz se cansa como un músculo y que el descanso forma parte del ensayo. Sigo cantando a lo bruto en la camioneta camino al trabajo.

Lo que puedo decir con certeza: cuáles de esos cursos cambiaron algo real en cómo suena un adulto que empieza desde cero, y cuáles eran calentamientos de siempre envueltos en una producción bonita. Escribo desde el cuarto del fondo de mi casa, con la silla de oficina que cede a la derecha y cinco años de domingos en el coro encima. La experiencia que califico es exacta: la de alguien que aprendió con pantalla y método, sin aula de por medio.

Cómo evalúo los cursos

Un solo criterio: ¿un adulto que empieza casi desde cero suena diferente después de seguirlo? Si la respiración mejora, si la afinación gana terreno, si la proyección crece aunque sea un poco, el curso cumplió. Si a la tercera semana sigo escuchando lo mismo con otro nombre encima, lo digo.

Pago los cursos de mi propio bolsillo, los pruebo el tiempo suficiente para que la emoción inicial se enfríe, y escribo sobre lo que encontré adentro. No sobre lo que prometía la portada.

Temas que no cubro

Aquí no hay diario de mis prácticas, grabaciones caseras sin propósito, ni reflexiones sobre cantar para desestresarme. El enfoque es decidir si un curso vale lo que cuesta para alguien que empieza de adulto y quiere mejorar de verdad.

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Divulgación

Parte de lo que enlazo aquí son recomendaciones de afiliado. Si entras a un curso por una de ellas y lo compras, recibo una comisión, y a ti el precio no cambia. Así pago los cursos que pruebo completos, o a medias, para contarte cuáles valen la pena. Lo que enlazo sin afiliación lo aclaro.