Beneficios de tomar clases de canto para adultos después de los cuarenta

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En el coro de la parroquia hay exactamente un barítono principiante, y ese soy yo. Llevo metido en esto de las clases de canto para adultos más tiempo del que hubiera imaginado, y la técnica vocal terminó dándome algo que no esperaba: un tipo de bienestar emocional que no tiene que ver con sonar bonito, sino con dejar de pelearme con mi propia garganta.

Antes de eso pasé años convencido de que no debía abrir la boca en público. En las posadas movía los labios sin soltar aire de verdad, mientras mis primos se desgañitaban con todo el gusto del mundo. A los 41 el director del coro me sacó de ese rincón — le faltaba un barítono y ya no tenía a quién más pedirle — y ahí aprendí que el problema nunca fue el oído. Nadie me había explicado de dónde sale el aire ni cómo aterrizar en una nota en lugar de aventarme a ella.

Aclaro algo antes de seguir: parte de lo que menciono aquí trae enlaces de afiliado, y si compras algo a través de uno, a mí me toca una comisión sin que a ti te cueste más. Solo hablo de lo que pagué con mi propio dinero y de verdad terminé — no de cursos que abrí, vi diez minutos y cerré con culpa. El Curso Básico de Canto entra en esa lista corta porque fue el que me hizo aterrizar la respiración antes de pedirme nada más.

El mito de que a los cuarenta se acaba la técnica vocal

Buena parte de la gente que conozco en el coro cree que después de los cuarenta ya no hay mucho que hacer, que la voz se queda donde se quedó. Lo que he visto — en mí y en gente que apenas empieza — es distinto: un adulto, aunque pase de los cuarenta, puede ampliar el rango de notas que alcanza, aguantar más tiempo cantando sin cansarse, y mejorar cómo suena la voz, siempre que entrene con constancia. No hace falta haber cantado desde niño para que esto funcione.

Lo comprobé con Modesta Vilchis, una enfermera de Bogotá que conocí en el mismo grupo de Facebook donde comparto mis notas. Empezó de cero, seguro de que solo quería cantar villancicos con sus hijos sin desafinar, y va avanzando más rápido de lo que ella misma cree — se sigue sorprendiendo cada vez que alguien le dice que ya no suena igual.

Ejercicio de respiración diafragmática dentro de una rutina de técnica vocal para canto en adultos

¿De qué sirve pagar un curso si ya cantas en el coro?

Los ensayos del coro te dan repertorio y horas de práctica, pero casi nadie ahí te explica el mecanismo detrás de por qué una nota sale bien o mal un domingo sí y el otro no. Ahí entra entender algo como la respiración diafragmática — un tema que da para su propia nota completa, así que aquí solo lo dejo apuntado. Lo que sí puedo decir del Curso Básico de Canto es que dedicó semanas enteras solo a la postura y al aire antes de pedirme que soltara una sola nota, y eso cambió más que cualquier ejercicio suelto de vibrato que hubiera intentado antes de tiempo.

Si andas viendo opciones, vale la pena revisar primero qué debe tener un curso de canto básico para no perder el tiempo, porque hay varios que solo reempacan calentamientos gratuitos con música de fondo y una voz en off que suena segura de sí misma.

La fatiga vocal, el otro precio de hablar todo el día por trabajo

Paso buena parte del día negociando precios de refacciones por teléfono, y para cuando llegaba al ensayo del domingo mi voz ya venía cansada de fábrica. La técnica vocal me dio algo puntual para esto: aprender a soltar la nota en lugar de atacarla, y dejar que el sonido se apoye en otra parte de la cara y no solo en la garganta. No es magia ni un truco de conservatorio, es más bien dejar de exigirle todo el trabajo a la misma parte del cuerpo.

Aquí una aclaración que repito seguido: no soy médico ni maestro certificado, solo un comprador de piezas de auto que aprendió tarde. Si te quedas ronco muy seguido o sientes dolor al cantar, eso no se resuelve con más práctica — se resuelve viendo a un especialista antes de gastar en cualquier curso.

Cinco semanas después, en la Calzada de los Héroes

Practico en el cuarto del fondo de la casa, el que da al patio trasero. No es un estudio de nada: la laptop y dos bocinas pequeñas apenas caben junto a la ventana, el echo rebota parejo porque nadie ha puesto nada en las paredes para cortarlo, y la silla de oficina donde me siento lleva años ladeándose hacia la derecha sin que la haya mandado a arreglar. Antes de empezar lleno una botella de un litro, más por costumbre que porque alguien me lo haya recomendado. En los ensayos de invierno el salón parroquial huele distinto: a piso húmedo y a madera que lleva años absorbiendo veladoras, un olor que se te queda pegado a la chamarra camino a casa.

Llevaba cosa de cinco semanas metido en esto cuando pasó algo que no esperaba. Iba en el camión de la distribuidora, atorado en el tráfico de siempre sobre la Calzada de los Héroes, cantando la canción que sonaba en la radio sin pensarlo mucho. Al subir hacia el estribillo esperé el apretón de siempre en la garganta y no llegó. El aire simplemente siguió empujando hacia arriba sin que nada se cerrara.

Barítono principiante cantando en el coro parroquial después de clases de canto para adultos

Lo que un libro de técnica no me resolvió

Antes de encontrar algo que sirviera, un conocido del coro me prestó un libro de técnica vocal lleno de términos de conservatorio: solfeo, apoyo diafragmático, colocación resonancial, ese tipo de vocabulario. Me lo leí completo pensando que ahí estaba la respuesta y terminé más perdido que al principio, porque estaba escrito para alguien que ya sabe leer música, no para un tipo que aprendió a cantar de oído en una parroquia. Ese libro se quedó en el librero sin resolverme nada hasta que encontré algo que explicara lo mismo sin tanta palabra rebuscada.

Preguntas que me hacen seguido sobre cantar de adulto

Dolores Palomares, que lleva años en el área de contabilidad de la distribuidora, me pregunta de vez en cuando cómo van los cursos, aunque nunca le ha quedado muy claro qué es exactamente lo que ando evaluando, y se nota que le da gusto que yo siga con algo mío, aparte del trabajo. Del resto de la gente que me escribe en el grupo salen casi siempre las mismas dudas: si conviene pagar un curso o quedarse con los videos gratis, si de plano existe eso de no tener oído o es un cuento que nos creímos de niños, cómo quitarse esos tirones que hacen que una nota se sienta forzada, por qué empujar la voz cansa más que aprender a colocarla, y si vale la pena un curso cuando ya cantas en un coro como el mío. Cada una merece su propio espacio, pero la respuesta corta siempre arranca igual: no es el oído, es la técnica.

Lo que me queda claro después de todo esto

Si lo estás pensando, compara lo que cuesta un curso serio con lo que gastarías en un par de comidas fuera de casa, no es mucho más, y a diferencia de la cena, a ti te queda para siempre. Si quieres ver por dónde arranqué yo mismo, ahí está esta guía sobre mejores cursos de canto online para adultos.

Empezar tarde no te quita nada, solo te obliga a avanzar con más cabeza que voz, fijándote en lo que de verdad funciona en lugar de en lo que promete la página de ventas. El Curso Básico de Canto sigue siendo, para mí, la forma más honesta de arrancar sin tirar el dinero: te enseña a respirar, a pararte derecho y a soltar esa voz que traías guardada por miedo a sonar mal. No eres desafinado. Solo te falta saber de dónde viene el aire.

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