Beneficios de tomar clases de canto para adultos después de los cuarenta

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Eran pasadas las seis de una tarde de tráfico pesado en el Bulevar Aeropuerto, aquí en León. Estaba atorado en la camioneta de la distribuidora, con el radio puesto y cantando bajito para no aburrirme. De repente, me di cuenta de algo: no me dolía. Por primera vez en años, intentar llegar a esa nota un poco más alta no se sentía como si tuviera lija en la garganta.

Pasé casi toda mi vida convencido de que era desafinado de nacimiento. En las posadas, yo era el que movía los labios sin soltar aire mientras mis primos se desgañitaban. Pero a los 41, el director del coro de mi parroquia me 'reclutó' porque le faltaban barítonos y, bueno, porque ya no tenía a quién más pedirle. Ahí empezó un camino que me enseñó que el problema nunca fue mi oído, sino que nadie me había dicho cómo funciona la maquinaria que llevamos en el cuello.

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El mito de la edad y la voz oxidada

Muchos pensamos que después de los cuarenta ya para qué. Que las cuerdas vocales, que en los hombres miden entre 17 y 25 mm de largo, ya están muy rígidas. La realidad es que, aunque existe un declive natural que empieza precisamente alrededor de los 40 años —conocido como presbiotonía—, la mayoría de nosotros no cantamos mal por viejos, sino por falta de uso y técnica básica. Es como un motor que dejas parado diez años; no está desbielado, solo necesita aceite y una buena afinación.

Cuando entré al coro, mi rango de barítono andaba por los suelos. Un barítono normal debería moverse cómodo entre los 110 y 440 Hz, pero yo apenas rascaba las notas graves y las agudas me salían como un grito de auxilio. El beneficio principal de tomar clases a esta edad no es volverse profesional, sino aprender a proteger el instrumento. Yo paso el día negociando precios de refacciones por teléfono; para cuando llegaba al ensayo del domingo, mi voz estaba agotada. Aprender técnica vocal me dio herramientas para descansar la voz mientras la uso.

Primer plano de una mano en el diafragma practicando la respiración para cantar

Lo que los cursos de YouTube no te dicen

Pasé un tiempo brincando de video en video gratis. El problema es que la mayoría asumen que tienes veinte años y todo el tiempo del mundo para hacer escalas extrañas, o que ya sabes solfeo. Me sentí estafado por mi propia ignorancia cuando gasté un dinero que me dolió en un curso avanzado de 'vibrato' sin saber siquiera de dónde venía el aire. Era como querer ponerle rines deportivos a un carro que no tiene motor.

Para un adulto que trabaja, el beneficio real viene de entender la respiración diafragmática. El diafragma es un músculo, y como todo músculo a los 46, necesita memoria más que voluntad. Lo que me sirvió del Curso Básico de Canto fue que dedicó semanas enteras solo a la postura y al aire, antes de pedirme que soltara una sola nota. Es ideal si buscas qué debe tener un curso de canto básico para no perder el tiempo.

La fatiga vocal: El enemigo silencioso del profesional

Aquí es donde entra mi teoría personal: si trabajas hablando (ventas, atención al cliente, compras), aprender a cantar es una inversión en salud. La mayoría de los cursos te enseñan a 'atacar' la nota, pero lo que nosotros necesitamos es aprender a 'descargar'. Hay ejercicios de recuperación que son como un masaje para la laringe. En lugar de forzar, aprendes a que el sonido resuene en los huesos de la cara y no en las cuerdas.

Ojo: yo no soy médico ni maestro de conservatorio. Soy un tipo que compra piezas de auto. Si sientes dolor persistente o te quedas ronco muy seguido, antes de comprar cualquier curso, ve a ver a un laringólogo. Cantar no debe doler nunca.

El momento en que todo cambió

Recuerdo un domingo de misa reciente. Estábamos en el ensayo previo, rodeados de ese olor a incienso y madera vieja que tienen las parroquias temprano. Estábamos repasando un salmo que tiene un Sol grave sostenido. Siempre me costaba, me quedaba sin aire a la mitad. Pero esa mañana, apliqué lo que venía practicando en casa: bajé los hombros, sentí el apoyo en el abdomen y, de repente, sentí una vibración fuerte en el pecho que subió hasta los dientes.

Fue un 'clic' físico. El aire dejó de chocar en mi garganta y empezó a fluir. En ese momento pensé que si hubiera sabido esto a los 15, no habría pasado tres décadas fingiendo que cantaba en los cumpleaños de mis hijos. No se trata de tener una voz privilegiada, se trata de habitar tu propia voz con propiedad.

Ismael cantando en el coro de la parroquia con una carpeta de música

¿Vale la pena la inversión?

Si te lo estás pensando, haz la cuenta de lo que te gastas en un par de salidas a cenar o en un par de tanques de gasolina. Un buen curso online para principiantes anda por ese precio y te dura toda la vida. Yo he probado varios; algunos los dejé a la mitad porque eran puro relleno o 'warmups' que encuentras gratis en cualquier lado. Pero cuando encuentras uno que te explica la mecánica de forma sencilla, sin usar palabras de conservatorio, la cosa cambia.

Para los que empezamos tarde, el beneficio no es solo sonar mejor. Es la confianza. Ya no me da pena que me escuchen en el semáforo o en la oficina. Si quieres ver por dónde empecé yo, te recomiendo revisar esta guía sobre mejores cursos de canto online para adultos.

Al final del día, aprender técnica vocal después de los cuarenta es como recuperar una parte de ti que habías dado por perdida. No vas a ir a un reality show, pero vas a disfrutar cada domingo en el coro o cada reunión familiar de una forma distinta. El Curso Básico de Canto es, en mi experiencia, la forma más honesta de empezar sin tirar el dinero. Te enseña a respirar, a pararte derecho y a soltar esa voz que tenías guardada por miedo a sonar 'desafinado'. Créeme, no eres desafinado, solo te falta saber de dónde viene el aire.

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