Cantar después de los 40: Por qué dejé de buscar tutoriales gratis y compré un curso

Un domingo por la mañana hace poco, mientras estábamos en plena misa en la parroquia, me sorprendí a mí mismo. Estábamos con un salmo que requiere sostener una nota larga al final de cada estrofa y, por primera vez en años, la nota salió limpia, sin que me faltara el aire a mitad de camino y, lo más importante, sin que me picara la garganta al terminar. Hace apenas un año, eso me hubiera parecido un milagro.

Antes de seguir contándote cómo pasé de mover los labios en silencio a cantar de verdad, un paréntesis de honestidad: parte de los enlaces que verás aquí son recomendaciones de afiliado. Si decides comprar un curso a través de ellos, a mí me toca una comisión (normalmente anda por el 63% en estos productos) y a ti el precio no te cambia ni un peso. Así es como financio los cursos que compro, pruebo y a veces dejo a medias para poder decirte cuáles valen la pena y cuáles son puro aire. Solo recomiendo lo que yo mismo he usado sentado en la mesa de mi cocina.

El mito del desafinado y el reclutamiento forzoso

Durante casi toda mi vida, fui el tipo que en las posadas se escondía detrás de los primos que gritaban más fuerte. En la primaria alguien me dijo que era desafinado y ahí lo dejé. Me convencí de que mi oído no servía para la música y me dediqué a lo mío, que es el área de compras en una distribuidora de refacciones aquí en León. Pero a los 41 años, el director del coro de la parroquia, que es un hombre que no acepta un no por respuesta, me reclutó. Estaban cortos de barítonos y básicamente me arrastró a los ensayos.

Ahí fue donde entendí que el problema nunca fue mi oído. Lo que pasaba era que nadie me había enseñado de dónde sale el aire. Yo trataba de cantar con la garganta, lanzándome a las notas como quien intenta atrapar un camión en movimiento. El director me enseñó lo básico, pero yo quería más. Quería entender por qué a veces mi voz sonaba como un mueble viejo arrastrándose por el suelo.

Libro de cantos antiguos y agua sobre una mesa de madera

El laberinto de YouTube y los meses perdidos

A mediados de diciembre empecé mi aventura en YouTube. Pensé: ¿para qué pagar si hay miles de videos gratis? Me pasé semanas viendo tutoriales de gente que prometía que cantarías como profesional en tres días. Durante las semanas de Cuaresma, aprovechaba los trayectos en la camioneta de la distribuidora para practicar 'hacks' de respiración que encontraba en canales al azar.

El resultado fue frustrante. Un video me decía que inflara la panza como globo; otro decía que no, que eso estaba mal. Terminaba mareado, confundido y con la sensación de que estaba perdiendo el tiempo. Lo que nadie te dice de YouTube es que la inversión de tiempo que haces intentando filtrar qué sirve y qué es basura termina siendo mucho más cara que pagar por un método que ya tenga los pasos ordenados. Perdí meses saltando de un lado a otro sin una base real.

En este punto debo ser claro: yo no soy maestro de canto ni profesional de la voz. Soy un comprador de refacciones que aprendió a cantar tarde. Si tú sientes dolor real al cantar o te quedas ronco seguido, deja de ver videos y consulta a un médico; podrías tener algo serio. Pero si solo suenas feo, como yo, entonces el problema es de técnica.

Manos sosteniendo un celular con muchos resultados de videos de canto

Por qué decidí abrir la cartera

Varias tardes de mayo, después de un ensayo del coro donde me sentí especialmente torpe, decidí que ya basta de tutoriales de diez minutos. Compré un curso estructurado. No fue una fortuna, me costó más o menos lo que nos gastamos mi esposa y yo en un par de comidas fuera, pero el cambio de mentalidad fue inmediato.

Lo que encontré en el Curso Basico de Canto fue algo que YouTube no me daba: orden. En lugar de enseñarme a hacer adornos difíciles, el curso se tomó semanas en explicarme la postura y cómo gestionar la presión subglótica usando los músculos intercostales. No usaba palabras raras de conservatorio, sino explicaciones que un adulto que nunca ha leído una partitura puede entender.

Aprendí que mi rango, como el de la mayoría de los hombres que empezamos de cero, es de barítono. Mi tesitura natural va más o menos de un Sol2 a un Mi4. Intentar llegar a las notas de los tenores de la radio sin técnica es la receta perfecta para ganarse unos nódulos vocales, que son como callos en las cuerdas que nadie quiere tener.

¿Vale la pena el gasto para un principiante?

Si eres como yo, alguien que solo quiere sonar decente en el coro o no dar pena en el cumpleaños de la suegra, la respuesta es sí. La gran diferencia es que un curso pagado te enseña a 'aterrizar' en la nota en lugar de lungir hacia ella. Los videos gratis suelen ser calentamientos reciclados; un buen curso te explica el porqué de cada cosa.

He probado varios y la verdad es que muchos se quedan a la mitad o se vuelven repetitivos. Pero hubo uno que realmente hizo que las piezas encajaran. No te va a convertir en Pavarotti de la noche a la mañana, pero te quita el miedo a abrir la boca. Puedes leer más sobre esa transición en este artículo sobre si cantar en el coro es lo mismo que saber cantar.

Detalle de una mano sobre las costillas practicando respiración intercostal

Reflexión final: El precio de aprender bien

Sigo cantando medio rudo cuando voy solo en la troca, no nos vamos a mentir. Pero ahora sé por qué a veces la voz se me quiebra y sé cómo corregirlo. El curso que terminé tiene una calificación de 4.4 en la plataforma donde lo compré, y entiendo por qué: no vende humo. Te dice que tienes que practicar y que los resultados tardan unas semanas en aparecer, nada de milagros de un día para otro.

Si tienes el tiempo de sobra para andar buscando agujas en el pajar de YouTube, adelante. Pero si ya pasas de los 40 y valoras tu tiempo tanto como yo, invierte un poco en algo que tenga pies y cabeza. Al final, lo que buscamos es que cantar nos dé alegría, no dolor de cabeza. El Curso Basico de Canto es, para mi gusto, la mejor forma de empezar sin perderse en el camino. Nos vemos el domingo en la parroquia, ojalá que esta vez con más aire en los pulmones.

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