Por qué los adultos necesitan un curso de técnica vocal para barítonos

¿De verdad crees que con respirar bien ya te alcanza para cantar bien? Yo lo creí un buen rato, hasta que un curso de respiración estilo yoga —todo inhalar hondo, sostener, soltar despacio— me dejó exactamente donde empecé: la misma voz apretada en el coro, el mismo susto cada vez que el director marcaba una nota fuera de mi zona cómoda. Llevo cinco años tomando clases de canto y cursos sueltos como barítono adulto, y sigo topándome con la misma idea repetida por todos lados: que la técnica vocal es una sola cosa para cualquier voz masculina, y que un barítono nada más necesita hablar golpeado y grave para sonar bien. No es así, y me tardé más de lo que me hubiera gustado en entenderlo.

A los 41 el director del coro de la parroquia del Coecillo me reclutó casi a fuerzas porque les faltaba un barítono, y llegué convencido de que lo único que me hacía falta eran ganas. Nadie me avisó que iba a pasar tiempo cantando con el cuello tenso, ni que buena parte de lo que había leído sobre canto —artículos, videos, un par de cursos que ya había pagado— hablaba de la respiración en general y no de lo que pasa cuando esa respiración tiene que sostener una frase completa frente a gente que sí te está escuchando. Ese hueco es el que quiero destrabar aquí.

Por qué un barítono adulto no es solo una voz grave

Aquí va el mito, sin rodeos: mucha gente —yo el primero, antes de que me reclutaran— cree que ser barítono es solo tener un tono grave de nacimiento, que con eso ya está resuelto y lo único que falta es soltar el aire y hablar golpeado. Pero una voz grave sin técnica se cansa igual que una aguda sin técnica. El aire tiene que sostener la nota, no empujarla, y eso no se aprende respirando bonito frente al espejo: se aprende aplicándolo a una frase cantada, frente a un director que te está esperando en el compás exacto.

Un curso de técnica vocal pensado para adultos entiende eso desde el principio. Uno genérico —o peor, uno que en el fondo es un curso de respiración para relajarte con canto pegado encima como adorno— no. La diferencia no se nota en la primera clase. Se nota cuando la costumbre ya debería haber cambiado algo y la voz sigue sonando igual de apretada que el primer domingo.

Mano apoyada en el abdomen entrenando el control del aire para voz masculina de barítono

¿Sirve respirar bien si nunca entrenas cantando?

Ahí entra el curso de respiración estilo yoga que compré hace tiempo, convencido de que mi problema era la capacidad pulmonar. Prometía enseñarme a respirar "desde el centro", con ejercicios que hacía en el cuarto de atrás de la casa, el que da al patio, la laptop encajada como podía junto a la ventana porque es el único rincón con algo de luz a esa hora. Funcionaba, en el sentido de que sí terminaba más relajado. Lo que no hacía era enseñarme qué pasa con ese aire en el momento exacto en que tengo que sostener una frase completa sin quedarme sin fuelle a la mitad. Terminé el curso entero y seguía rompiéndome en el mismo punto de siempre.

Dolores, que lleva años en el área de contabilidad del trabajo, me preguntó una vez cómo iban "mis cursos" —no tiene ni idea de qué evalúo exactamente ahí— pero se le nota que le da gusto que siga con algo mío en vez de dejarlo como tantas otras cosas que empiezo y abandono a la mitad.

El problema no era mi respiración en abstracto. Era que nunca la había conectado con el momento real de cantar: dónde soltar el aire, cuánto guardar, cómo dejar que la nota se sostenga sola sin que yo la esté empujando con todo el cuerpo, como si fuera una prensa hidráulica.

Cancionero con notas manuscritas para practicar técnica vocal en un banco de iglesia

La diferencia que un curso genérico nunca te va a enseñar

Ahí está lo que casi ningún curso genérico resuelve: no es cuánto aire metes, es qué haces con él en el segundo exacto en que tienes que sostener una frase completa, en el registro donde realmente cantas —no en agudos de adorno, sino en ese medio-grave donde vive un barítono la mayor parte del tiempo: en el coro, en una fiesta, en el camión de camino al trabajo. Un curso de respiración para relajarte no toca eso porque no está pensado para cantar, está pensado para bajar el estrés, y son cosas parecidas pero no la misma. Hay otro tema aparte —aprender a colocar la nota en lugar de lanzarte hacia ella— que ya conté con más calma en otro texto; aquí lo dejo solo mencionado porque merece su propio espacio.

La laringe nota la diferencia primero: se relaja cuando dejas de perseguir el sonido y empiezas a perseguir otra cosa —el ritmo, la letra, lo que sea— en lugar de ir directo tras la nota. Ahí es cuando deja de temblarte la mandíbula después de un rato forzando las notas más agudas de tu rango, esa tensión que se siente igual que cuando cargas algo pesado con los brazos ya sin fuerza.

Ya escribí en otro lado sobre lo que aprendí buscando un curso de canto para principiantes adultos, y ahí toco algo que aplica también acá: casi ningún curso barato revisa lo que haces con el aire una vez que ya estás cantando, nada más te enseña a respirar como si te fueras a dormir. Te dan escalas de piano gratis en cualquier lado, eso no es el problema. El problema es que nadie te dice qué hacer con los músculos del cuello o cómo soltar la mandíbula cuando ya llevas un rato cantando tenso.

Interior de una camioneta de reparto donde un barítono adulto practica canto camino al trabajo

¿Qué debe tener un curso pensado para un barítono adulto?

Si estás pensando en pagar por uno, hay señales concretas para saber si un curso básico vale la pena o es puro relleno reciclado —eso lo detallo en otro artículo, no aquí. Lo que sí te puedo decir de este lado es más puntual: para un barítono adulto, un curso decente tiene que enseñarte a controlar el aire al cantar de forma que sirva para sostener frases largas, no nada más para relajarte, y también tiene que ayudarte a afinar la voz y dejar de dar tirones en vez de dejarte adivinando por qué la nota sale torcida. Si el curso se puede resumir en "respira profundo y suelta", ya sabes que es el mismo curso de siempre con otra portada.

Hay quien me pregunta si de plano vale la pena pagar en vez de quedarse con lo gratuito de YouTube, y esa comparación la dejo para otro momento porque merece su propio espacio. Lo mismo con la duda de si empezar después de los cuarenta cambia algo —sí cambia, y bastante, pero eso también da para más. Y si lo que te preocupa es nada más sonar mejor dentro de un coro y no en un escenario, esa decisión tiene sus propios matices que tampoco caben aquí. Lo que sí te aseguro, porque me lo preguntan seguido, es que eso de creer que uno nació sordo al tono casi nunca es el problema real: yo mismo lo creí durante años y el problema nunca fue mi oído.

Atril con partitura para barítono adulto en un rincón casero de clases de canto

Lo que un barítono adulto se lleva de todo esto

Hace poco canté un solo de cumpleaños en una fiesta familiar —"Las Mañanitas" a capella antes de partir el pastel— y en vez de clavar los ojos en el plato, como hacía siempre que me tocaba abrir la boca frente a más de cinco personas, canté mirando a la gente. Nadie hizo ningún comentario especial. Para mí fue suficiente: significa que en algún punto dejé de cantar a la defensiva.

En el mismo grupo de Facebook donde comparto mis notas de vez en cuando escribe seguido una enfermera de Bogotá, Modesta Vilchis, que quiere cantar villancicos con sus hijos en diciembre sin desafinar cada dos frases. Ella cree que va lenta. Yo le he dicho, y se lo sostengo, que avanza más rápido de lo que ella misma nota: el problema de fondo nunca fue su oído, como tampoco fue el mío; fue no tener quién le explicara la diferencia entre respirar y cantar.

La próxima vez que alguien te venda un curso de canto para barítono prometiendo resultados rápidos, pregúntale una sola cosa: ¿los ejercicios de respiración están armados para sostener una frase cantada, o son los mismos que usarías para dormir mejor? Si no tiene una respuesta clara, ya sabes que no es un curso de técnica vocal, es un curso de relajación con música de fondo puesta encima. Esa es la diferencia real entre un curso hecho para cantar y uno que nada más te enseña a respirar tranquilo sin soltar nunca el freno.

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