Cantar en el coro no es lo mismo que saber cantar: Mi experiencia con un curso básico después de los 40

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A mediados de diciembre, mientras el resto del coro subía el volumen en el Aleluya, me di cuenta de que algo andaba mal. No era la devoción, era la mecánica. Yo seguía 'lanzándome' a las notas altas como quien salta un bache, apretando la garganta y esperando que el sonido saliera derecho por pura voluntad. Al terminar, sentía el cuello rígido, como si hubiera estado cargando cajas en el almacén de refacciones todo el día en lugar de estar alabando al Señor.

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El mito del 'oído sordo' y la realidad del aire

Pasé casi toda mi vida convencido de que era sordo al tono. En las posadas, yo era el que solo movía los labios mientras mis tíos, los que sí tenían pulmón, llevaban la melodía. Me resigné a eso hasta que a los 41 años, en la parroquia, faltaba un barítono. El director me reclutó casi a la fuerza. Me dijo: 'Ismael, usted no es sordo, usted lo que pasa es que no sabe de dónde sale el aire'.

Tenía razón. En el coro aprendes a armonizar, a seguir la partitura (o a los que sí saben leerla) y a empastar tu voz con la de los demás. Pero nadie tiene tiempo de explicarte qué hacer con el diafragma, ese músculo que no sientes directamente pero que se entrena con los abdominales. Un coro parroquial ensaya canciones, no técnica. Ahí es donde entra la duda: ¿vale la pena pagar por fuera si ya estás cantando cada domingo?

Primer plano de un cancionero de coro parroquial antiguo en una iglesia.

El cementerio de los cursos de conservatorio

Durante las semanas de Cuaresma, me puse a buscar soluciones por mi cuenta. Mi historial con los cursos online era desastroso. Tengo un par guardados que me hicieron sentir más tonto de lo que ya me sentía. En uno pasé tres semanas tratando de entender qué rayos era un 'falsete reforzado' o cómo conectar los resonadores de la máscara, antes de que nadie me explicara siquiera cómo pararme derecho sin parecer que tenía un palo en la espalda. Eran cursos para gente que ya sabía cantar y quería ser profesional, no para un comprador de autopartes que solo quería que no le doliera la garganta al terminar el ensayo.

La mayoría de los hombres adultos tenemos una frecuencia fundamental de unos 110 Hz. Como barítono, mi rango va más o menos del Sol 2 al Sol 4 (G2 a G4 para los que saben de letras). Pero sin técnica, ese rango se siente como una liga vieja a punto de romperse. Si no aprendes la base, terminas cantando 'de garganta', y eso a nuestra edad es boleto directo a la fatiga crónica o, peor, a los nódulos. Por cierto, no soy médico ni maestro de canto titulado; si sientes dolor persistente o te quedas ronco seguido, deja de cantar y ve a ver a un otorrino. Cantar no debe doler.

¿Por qué un curso básico para alguien que ya está en un coro?

Aquí es donde entra el Curso Básico de Canto que finalmente sí me sirvió. Lo que me convenció no fue una promesa de cantar como Luis Miguel, sino que se enfocaba en lo que yo llamo 'palabras de mesa de cocina'. Nada de vocabulario de conservatorio que te marea.

La gran diferencia, y lo que aprendí después de un mes de práctica constante, es que el coro te enseña armonía, pero el curso te da resistencia. Es el equilibrio necesario. En el grupo optimizas cómo sonar con otros, pero en lo individual desarrollas tu propio rango dinámico. Fue después de unas semanas cuando sentí ese 'clic' en las costillas: entendí que el aire se queda abajo, en la panza, y no se sube a los hombros cada vez que tomas aire para una frase larga.

Atril sencillo con ejercicios de escalas vocales y un vaso de agua.

Lo que el curso te da (y lo que no)

Este curso tiene una calificación de 4.4 por una razón: es honesto. No te va a convertir en solista de la noche a la mañana, pero te enseña a aterrizar en la nota en lugar de lungir a ella.

El veredicto de un domingo por la mañana

Un domingo por la mañana en mayo, ocurrió lo que no esperaba. Estábamos terminando el ensayo previo a la misa y el director se detuvo. Me miró y me preguntó qué estaba haciendo diferente. Me dijo que mi voz ya no 'raspaba' en los finales de frase y que por fin estaba sosteniendo los finales sin que me temblara la mandíbula.

Esa es la verdadera prueba. Sentir el aire frío de la parroquia entrando en los pulmones y notar una vibración sólida, de esas que te retumban en el pecho al sostener un Sol bajo, sin esfuerzo. Si cantas en un coro y sientes que te falta potencia o que te cansas rápido, no es que no tengas talento; es que te falta la herramienta.

Si quieres dejar de mover solo los labios y empezar a usar la voz que tienes ahí guardada, te recomiendo que le eches un ojo al Curso Básico de Canto. No te va a quitar lo barítono, pero te va a enseñar a disfrutarlo. Al final del día, lo que queremos es seguir cantando en las fiestas y en la iglesia sin que la voz se nos rinda antes que el ánimo. Vale la pena la inversión, sobre todo porque aprender a respirar es algo que te llevas para siempre, cantes o no.

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