Qué debe tener un curso de canto básico para no perder el tiempo

Nota: participo en programas de afiliación. Si haces clic en ciertos enlaces y realizas una compra, puedo recibir una comisión -- tu precio no cambia.

Todavía me acuerdo de las posadas de diciembre pasado. Por primera vez en cuarenta y tantos años, no estaba ahí solo moviendo los labios mientras mis primos más ruidosos llevaban la melodía. Estaba cantando. No como un profesional, claro, pero con una voz que ya no parecía un motor desbielado. Esa mañana de domingo en la parroquia, antes de salir a la fiesta, sentí que mi voz bajaba a esas notas graves que siempre me daban miedo sin quebrarse. El director del coro, que me reclutó casi a la fuerza hace unos años, me hizo una seña de aprobación. No fue magia; fue entender que durante años estuve comprando cursos que no servían para nada porque se brincaban lo más importante.

Antes de seguir, un poco de transparencia: algunos de los enlaces que verás aquí son recomendaciones de afiliado. Si decides comprar un curso a través de ellos, me toca una pequeña comisión que me ayuda a seguir probando métodos (y a terminar los que valen la pena), pero para ti el costo es exactamente el mismo. Solo recomiendo lo que yo mismo he pagado y usado en mi sala o en la camioneta de camino al trabajo en León.

Por qué los cursos 'profesionales' suelen fallar con los adultos

El problema cuando empiezas tarde, como yo a los 41, es que te crees el cuento de que eres "desafinado de nacimiento". Yo viví convencido de eso. Luego compras un curso en línea y te empiezan a hablar de 'colores vocales', de 'brillo' o de 'impostar la voz' como si fueras a cantar en Bellas Artes. Para alguien que maneja compras en una distribuidora de autopartes, eso suena a chino. Lo que necesitamos los que empezamos de cero no son palabras elegantes, sino saber dónde demonios se mete el aire para que la nota no salga temblorina.

Muchos de esos cursos son solo un refrito de calentamientos gratuitos de YouTube. Te ponen a hacer escalas durante horas sin explicarte que, si tus hombros están tensos, no vas a llegar a ningún lado. La gran diferencia que encontré es que la formación autodidacta sin estructura te hace perder meses corrigiendo vicios técnicos que un buen guía te quita en la primera semana. Es más barato pagar por un método claro que pasar años cantando mal y arriesgándote a lastimarte esas cuerdas vocales —que por cierto solo tenemos dos, así que hay que cuidarlas—.

Primer plano de la mano sobre el diafragma para mostrar el apoyo vocal

Lo que de verdad importa: Aire y postura (sin palabras raras)

Un curso básico que valga la pena tiene que empezar por los pies. Literalmente. Si el curso no te habla de cómo pararte y de cómo usar el diafragma desde el minuto uno, pide tu reembolso. A mediados de febrero, después de probar varios métodos que dejé a medias por puro aburrimiento, entendí que cantar es mecánica. Es como ajustar una pieza en un motor: si no está alineada, hace ruido.

En el coro aprendí que mi rango de barítono suele andar entre un Sol2 y un Sol4, pero antes de tomar un curso serio, yo intentaba llegar a las notas "lanzándome" a ellas, como quien intenta atrapar un camión en movimiento. Un buen curso te enseña a "apoyar" la nota. No necesitas saber leer partituras ni entender qué es el La4 a 440 Hz para darte cuenta de cuando el aire viene desde abajo y no desde la garganta. Si quieres profundizar en esto, te recomiendo leer sobre cómo elegir un curso de técnica vocal para mejorar la respiración.

Lo que yo buscaba era algo que me sirviera para no sonar ronco después de tres canciones en el karaoke o tras el ensayo del domingo. Si el curso se enfoca en que entiendas cómo tus músculos abdominales controlan la salida del aire, vas por buen camino. Eso es lo que hace que un adulto promedio no quiera darse por vencido a las dos semanas.

¿Cómo saber si un curso es para ti o solo humo?

He tirado dinero en cursos que prometían "cantar como una estrella en 30 días". Mentira. El progreso real es lento y se siente más como una memoria muscular que se va acomodando. Después de unas tres semanas de práctica constante, notas que ya no te cansas tanto. El curso ideal para nosotros debe tener tres cosas claras:

A veces, uno piensa que con tutoriales sueltos la libra, pero yo mismo pasé por eso y acabé más confundido. Por eso escribí hace poco sobre por qué dejar de buscar tutoriales gratis y comprar un curso fue lo que realmente cambió mi forma de sonar en el coro.

Atril con letras de canciones y una tableta mostrando una lección de canto

Mi recomendación: Lo que me funcionó en el coro y en el camión

Después de mucho andar, el que realmente me hizo clic fue el Curso Básico de Canto. No es que sea el único en el mundo, pero es el que está pensado para gente como yo: adultos que no tenemos tiempo de ir a una academia y que solo queremos dejar de sonar mal en las reuniones. Lo que me gustó es que se enfoca en la base mecánica. Es lo que cuesta un par de comidas fuera de casa y te ahorra meses de frustración.

Este curso me enseñó que la diferencia entre gritar y proyectar es simplemente cómo manejas el aire. Una tarde calurosa de mayo, mientras iba en el camión, me puse a practicar un ejercicio de respiración que venía en el módulo dos. De repente, la nota salió limpia, sin esfuerzo. Fue la primera vez que entendí que no soy sordo al tono, solo era un mal administrador de mi propio aire. Si te interesa algo estructurado para empezar de cero, puedes revisar los mejores cursos de canto online para adultos que he analizado.

Ojo, este curso tiene sus límites. Si ya llevas años cantando y buscas algo avanzado para ser solista, se te va a quedar corto. Y como siempre digo, yo no soy maestro ni médico. Si sientes que te duele la garganta o te quedas afónico seguido, deja de cantar y ve a ver a un profesional de la salud. Cantar no debe doler nunca.

Hombre practicando ejercicios de canto dentro de su camioneta bajo el sol

Reflexión final: ¿Vale la pena empezar a los 40?

Mucha gente me pregunta si no me da pena estar aprendiendo a estas alturas. Al contrario. Me da más pena haber pasado décadas callado en los cumpleaños. El progreso se nota en las cosas pequeñas: cuando el director del coro ya no te pide que bajes el volumen, o cuando tu esposa nota que ya no desafinas tanto en la regadera. Para un adulto, un curso de canto no es para buscar la fama, es para recuperar una parte de nosotros que creíamos que no funcionaba.

Si estás buscando algo que te dé las bases sin marearte con teoría innecesaria, te sugiero que le eches un ojo al Curso Básico de Canto. Al final del día, lo que importa es si ese curso te hace querer seguir practicando el próximo domingo o si te hace querer cerrar la computadora y no volver a intentarlo. Yo elegí seguir, y cada vez que mi voz se siente firme en el ensayo del coro, sé que valió la pena cada centavo.

Artículos relacionados