Lo que aprendí buscando un curso de canto para principiantes adultos

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Dos cursos de canto para adultos, anunciados como "para principiantes", terminan siendo experiencias tan distintas. Llevo tiempo dándole vueltas a esto. Compré un curso básico de canto después de haber gastado antes en uno de nivel intermedio, pensando que la única diferencia iba a ser el precio, y no. La brecha real está en qué tan en serio se toman que jamás hayas cantado en tu vida —algo que entendí a la mala buscando mejorar mi técnica vocal siendo ya adulto, después de años convencido de que aprender a cantar tarde no tenía remedio.

Aclaro esto antes de seguir: algunos de los enlaces que vas a encontrar aquí son de afiliado de Hotmart, así que si entras por uno de ellos y compras un curso, a mí me toca una comisión y a ti no te cambia el precio. Así pago los cursos que termino —o los que dejo a medias— para después contarte cuáles sirven de verdad. No tengo título de conservatorio ni leo música con soltura; lo que sé lo aprendí comparando qué entrega cada curso contra lo que promete la página de ventas, y a punta de cantar mal en voz alta hasta que algo cuadró.

Curso intermedio y curso básico no resuelven lo mismo

En el coro de la parroquia me tocó entrar de barítono —ni tenor ni bajo, la voz de en medio— porque un domingo les faltaba alguien que sostuviera la parte baja. Esa etiqueta no resolvió nada por sí sola. Antes de meterme a buscar un curso en serio, probé lo obvio y gratis: subir el volumen de la radio bajando por la Calzada de los Héroes camino a la distribuidora e imitar a los cantantes que sonaban seguros, pensando que la garganta iba a copiar el truco sola. No copió nada, solo terminé ronco.

Un cuate mío que va a box thai en el gimnasio me lo explicó sin querer una tarde: pagar un curso de canto sin saber en qué nivel estás es como meterte a un curso de artes marciales cuando lo que necesitas primero es aprender a pararte bien. El curso de nivel intermedio que compré asumía que yo ya sabía pararme. El Curso Básico de Canto, en cambio, arranca antes de eso.

Cuaderno de práctica con anotaciones de técnica vocal y un vaso de agua, material básico para un curso de canto para adultos principiantes

El oído nunca fue el problema

Pasé años convencido de que el problema era el oído. En las posadas simplemente movía los labios y dejaba que los parientes más ruidosos llevaran la melodía. El curso de nivel intermedio no me sacó de ese error rápido: a los diez minutos ya hablaba de vibrato y coloratura como si yo supiera de qué lado masticar esas palabras, y cerré la pestaña sin entender ni cómo sostener una nota sin que me picara la garganta.

La garganta —la laringe, para ponerle nombre y no más— se resiente cuando uno empuja la nota en lugar de dejarla caer donde debe, y ningún curso de nivel intermedio se detiene a explicar eso porque da por hecho que ya lo sabes. Si te reconoces en la idea de que naciste sordo para el tono, ya escribí aparte sobre cómo aprender a afinar la voz si crees que no tienes oído, porque ese mito solito le cuesta a la gente años de silencio en las fiestas.

Lo que un principiante necesita antes que técnica

Un adulto que nunca ha cantado no necesita vibrato, necesita saber qué hacer con el aire y dónde dejar quietos los hombros. Eso fue lo que el curso básico cubrió desde la primera lección, y el de nivel intermedio jamás mencionó porque asumía que ya venías con eso resuelto. Quien quiera el detalle de cómo se trabaja el aire sin quedarse sin resuello a media frase lo va a encontrar en técnica vocal para adultos y el control del aire —aquí solo digo que fue la primera vez que alguien me lo explicó sin dar nada por sentado.

Empezar a cantar pasados los cuarenta trae ventajas que casi nadie menciona en las páginas de venta, aunque ese tema da para su propio espacio. Lo que sí puedo decir aquí es que ningún curso decente debería asumir que un principiante adulto ya sabe respirar, pararse o abrir la boca sin tensar el cuello.

Cómo decidir entre quedarte en lo básico o subir de nivel

Si partes de cero, el Curso Básico de Canto vale la pena por una razón simple: empieza de verdad por respiración y postura antes que cualquier otra cosa. Los ejercicios se entienden sin saber leer música —yo sigo sin saber solfeo— y está pensado para un adulto que canta en un coro parroquial o en cumpleaños, no para un niño prodigio con oído absoluto. Si ya cantas hace años y buscas afinar el falsete, este mismo curso se te va a hacer corto y aburrido las primeras semanas. Ahí conviene subir directo al de nivel intermedio en lugar de perder tiempo repitiendo lo que ya sabes. Tampoco reemplaza el oído de un maestro que te corrija en vivo, eso hay que decirlo sin rodeos.

Hay señales para saber si un curso básico es de verdad o si nada más le cambiaron el logo a los mismos calentamientos de siempre, y ese tema merece su propio espacio aparte. Lo mismo la pregunta de si vale la pena pagar por esto cuando ya cantas en un coro parroquial, o si te conviene más quedarte con los videos gratis y ahorrarte el gasto —son discusiones distintas a esta, aunque las dos me las he hecho seguido.

Hombre cantando técnica vocal mientras maneja su camioneta por León, practicando lo aprendido en un curso de canto para adultos

La prueba real no está en el curso, está en el coro

La prueba de que algo cambió no la dio ningún certificado del curso, la dio el director del coro. Terminamos un ensayo hace poco y él, que no regala cumplidos, nada más asintió sin decir una palabra antes de seguir guardando sus partituras. Para un tipo que se pasó años seguro de que cantaba mal, ese silencio pesó más que cualquier aplauso.

Me quedé un rato en el salón de ensayo cuando ya se habían ido las sopranos y solo quedábamos los bajos, y el eco que rebota distinto cuando el cuarto se vacía —más plano, sin tanta gente absorbiendo el sonido— fue la primera vez que noté cómo sonaba mi propia voz sin nadie tapándola.

Aprender a afinar sin dar tirones es otro tema, y dejar de empujar la nota para aprender a colocarla donde debe caer es todavía otro más —los dos merecen su espacio aparte del que le puedo dar aquí. Lo que sí te puedo decir es que sigo cantando algo rough esas mañanas manejando a la distribuidora, solo que ya no ando imitando a nadie por la radio.

Al final, la comparación se reduce a esto: paga por un curso básico de canto si nunca has cantado y quieres empezar por lo que de verdad importa, sube a uno de nivel intermedio si ya tienes la base y quieres pulir, y no pagues por ninguno si lo que buscas son trucos de vibrato sin haber resuelto primero cómo se para el cuerpo para cantar. Si las palabras de este mundo te suenan a chino, ahí tienes un glosario de términos de técnica vocal que armé para no perderme yo mismo la primera vez. No hace falta título ni oído perfecto, hace falta saber en qué nivel estás parado antes de sacar la cartera.

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